Tres veces en mi vida vi, cielos hermosos y distintos ala vez. Y los tres totalmente diferentes del cielo que se puede ver acá, en la ciudad.
El primer cielo del que hablo es el que vi en un campamento, a mitad de camino de la cima del volcán Lanin. Fue la primera vez que vi las estrellas tan cerca. No podía guardarlas en mis bolsillos, pero quedaron gravadas en mi cabeza.
No recuero mis manos cuando era un niño, pero puedo imaginarlas pequeñas y frágiles
. Abiertas a todo el futuro, un futuro incierto. Las puedo imaginar y ver jugando en la arena con maderitas que simulaban cochecitos. Las puedo imaginar cuidadas por el amor materno y las puedo imaginar felices.
Otro cielo que me deslumbro fue el que vi en Machu-Pichu. Fue toda una experiencia
haberme quedado una noche en el hotel que esta justo al lado de las ruinas. Me fui quedando solo, en el jardín del hotel. Ahí sentí PAZ interior y exterior. Las montañas recortadas en el azul nocturno del cielo y como única luz, la que provenía de las estrellas.
Ya mis manos entre el niño y la adultez se dispusieron a ganarsela vida. Siempre, como le pasa a la gran mayoría de la gente, esas manos eran protagonistas del trabajo diario. Iban y venían por ese escritorio, que era mas chico que el de los demás. Eran manos felices todavía.
Pero sin dudas el cielo mas hermoso, espero poder verlo otra vez, fue el que cubría Plaza
de Mulas, en la base del Aconcagua, a 4.200 mts. sobre el nivel del mar. Un cielo visto a las 12 PM, con 15 grados bajo cero. Las estrellas parecían estar al alcance de las manos. De mis manos porque a esa hora solo yo estaba mirando ese cielo
Estas manos que alguna vez acariciaron y se sintieron plenas y soñaron con la vida
futura. Estas manos que a los treinta y pico creyeron en el amor, ese amor que se desvaneció con el paso de los días. Estas manos que siguieron su camino, sin saber cual era el correcto. De repente llego la tristeza, pero esas manos aun tenían esperanza.
El cielo en la ciudad es tan imperceptible durantela noche. Losedificios no nos dejan ver, es como si el cielo no existiera. Esta ciudad atrapa y nos hace pertenecer a un torbellino humano. Parecemos animales en una migración, nada nos detiene, seguimos adelante sin saber a donde vamos y sin mirar lo que nos rodea y sin acordarnos que hay un cielo.
Hoy después de tantos años de vida miro mis manos y las puedo ver tan resignadas. Veo en ellas algunas manchas que son presagio de la vejez y me asusta ver que cada vez esta mas próxima. Mis manos están cansadas y ya no luchan.


