Posteado por: cersiter | Marzo 26, 2009

Raíces y Chámame

Recuerdo que en mí infancia, y no se por que, me causaba mucho enojo que me dijeran “correntino”. Sentía mucha bronca y verguenza que me llamaran así, pero mis padres y mis hermanos seguían llamándome de esa manera. Tal vez lo hacían como una broma, pero para mí era algo muy serio. Pensando a la distancia, me parece que era como rechazar algo de mi papá, que si era correntino y muy orgulloso de serlo.

A los seis años comencé la escuela primaria y en uno de los primeros días de clace la maestra nos pregunto donde habíamos nacido. Mi respuesta fue rápida. “Señorita yo naci en la Capital Federal” “Entonces vos sos Porteño” Solo esperaba que sonara la campana de salida. La mañana fue interminable y cuando llego la hora deseada corrí sin detenerme hasta mi casa. “Mamá yo no soy correntino, soy Porteño” Y desde ese día nadie volvió a decirme correntino.

A los 19 años mi papá me dice “Queres ir a Corrientes?” Y dije que si. No tenía nada que perder y tampoco tenía ningún plan importante para ese verano.No sabía lo que encontraría, no sabía que ese viaje cambiaria mi vida y mi forma de pensar. Me recibieron como si me conocieran de toda la vida. Basto decir “Soy el hijo de Amalio” y todas las puertas se abrieron. Basto que se supiera que había llegado para que todos me invitaran a comer, a fiestas, a casamientos. Todo por ser el hijo de don Amalio. Me quede un mes descubriendo lo que siempre había negado. Descubriendo mis raices. Descubriendo todo lo que querian a mí papá. (Y por primera vez en la vida me di cuenta que las malas personas no son queridas por nadie) Descubriendo una forma de vida totalmente distinta. A la mañana, y lo digo como ejemplo, el desayuno era: mates o café con leche acompañado con una pierna de cordero. Claro los hombres salían al campo y no volvían hasta la noche.

Tube la suerte de ir un día hasta la capital de la provincia y ver el último gran carnaval correntino. Un lujo inolvidable. Además pude sentir la música, pude sentir la nostalgia, pude sentir el chámame. Pude conocer gente y sentir su alegría. Pude darme cuenta de lo duro que es vivir en el interior del país siendo pobre. Pude darme cuenta que yo estaba hecho de todos esos sentimientos.

Hoy a los 52 años casi no escucho la música que descubrí hace tanto tiempo. La música que mi papá no olvido y no dejo de cantar, aún en los peores momentos de su enfermedad. Creo que estoy haciendo en la vida lo que el hizo en su vida “DAR SIN ESPERAR RESPUESTA”  No sé si alguna vez sintió lo que yo sentí el día de mi cumpleaños. Lo que si se es que hoy soy como soy por todo lo que recibí en la vida (bueno o malo) y por esas raíces que me atan a la vida, a la tierra, a los amigos y a la música.


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