Posteado por: cersiter | Octubre 4, 2008
Media Maraton 2008.
Esta no va a ser ni la primera ni la última vez que vuelva a escribir sobre un tema que ya ha tenido su espacio en este blog. Y creo que no va a ser la última vez que escriba sobre una carrera, bastara que otra me emocione como lo hiso la edición 2008 de la Media Maratón de la Ciudad de Buenos Aires. El 21 de setiembre amaneció muy frio. El pronostico del tiempo fallo otra vez. En los días anteriores las predicciones decían que estaría fresco y algo nublado. Pero amaneció muy frio y con un cielo totalmente cubierto y nadie me pronostico que todo se presentaría un poco complicado para mí. Ya a las tres y media de la mañana me desperté ansioso. Siempre me pasa lo mismo en todas las carreras, pero con esta batí mi propio record. Dos horas dando vueltas en la cama, hasta escuchar la alarma del reloj. El pecho me latía de una forma no habitual. Ya quería estar en el circuito, pero faltaba mucho todavía.
Perdí el tren de las 6,15. Fueron segundos y me quede mirando como se alejaba la formación de vagones. Que bronca que sentí. Dije algunas palabras irrepetibles (………..) Para mal de males me enteré que el subte comenzaba a funcionar recién a las 8,00 (…….) La bronca seguía acumulándoce en mi interior. Recorría de punta a punta el andén (……….). Solo pensaba en esa media hora que estaba perdiendo allí, sin poder hacer nada, esperando ver las luces del próximo tren. Al fin llego a la terminal de Chacarita y había que tomar una decisión. Tenia 30$ en el bolsillo y el taxi hasta el lugar del encuentro me salió 20$.
La música de los parlantes sonaba en el aire y de todos los puntos cardinales se veían llegar remeras naranjas, algunos trotaban otros solo caminaban, algunos hacían bromas otros solo hablaban. Pero todos, creo, tenían el pensamiento y la mirada puesta en la carrera. Veo llegar al automóvil de Gustavo, con el vienen Leo, Pecho, Claudio y Horacio. Llega Néstor para acompañarnos en su bicicleta. Ya estábamos todos, solo teníamos que esperar. Luego de recorrer el lugar y de calentar un poco los músculos, al fin nos encontramos esperando el minuto 0,00. Casi 10.000 personas estábamos aguardabando el gran momento y mi expectativa era muy grande.
Hacia ya bastante tiempo que tenía en mente correr 21 km, pero no me animaba o no me sentía preparado. En esta oportunidad me dije “si no en ahora no será nunca”. Pero hubo algunas cosas que me impulsaron:
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fundamentalmente la confianza que me hiso sentir Gustavo, siempre alentándome y marcándome errores,
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también el aliento que me dieron todas las personas que me rodean,
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y mis ganas de hacerlo.
Al fin nos ponemos en movimiento y todo transcurre de acuerdo a lo esperado. Llego a los 10 km entero. Sigo. Cada paso es un paso menos que hay que dar. Sigo y en el km 13 me detengo a elongar los gemelos. No se hacen esperar las voces de aliento “Vamos que falta poco” “No afloje viejito”, otro me grito “Grande pa, no afloje ahora” Sigo. Estoy mas cerca. Solo faltan 8 km y no es una eternidad. Camino unos metros en el km 17. Sigo. El paso se hace más lento y si vuelvo a parar me acuesto en el asfalto y digo basta. Pero sigo. Tengo que saber si puedo lograrlo. Paso por el Obelisco. Hay gente que grita sin conocer a los corredores. No los escucho. Solo puedo mirar adelante. Doblando por Diagonal Norte puedo ver la Plaza de Mayo. Siento que mi motor interno se acelera y no siento mi cuerpo. Creo que estoy volando. Después de cruzar el arco de llegada miro atrás y me emociono. 4563 corredores llegaron antes, pero no es lo importante. Es solo un número. Luego de hidratarme y caminar un poco me encuentro con Gustavo y solo puedo darle un gran abrazo, las palabras estaban de más, hablaba el silencio.
Escrito en Amigos, General